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Cómo elegir quién te hace la página web sin equivocarte

Javier Somosa 6 min de lectura

El mercado de desarrollo web en Argentina tiene de todo: desde freelances muy buenos hasta estafas directas. La diferencia entre una buena y una mala experiencia muchas veces no está en el precio ni en lo lindo del portfolio — está en el proceso y en la claridad antes de empezar.

Estas son las 8 señales que separan a los buenos proveedores del resto.

1. Tiene un proceso documentado

Un desarrollador o agencia seria puede explicarte exactamente cómo trabaja: qué pasa primero, qué pasa después, cuándo vas a ver avances, cuándo se paga. Ese proceso existe por escrito, no de palabra.

Si al preguntar “¿cómo es tu proceso de trabajo?” la respuesta es vaga o inconsistente, ese es un problema. No porque sea mala persona, sino porque sin proceso no hay predictibilidad. Y sin predictibilidad no sabés cuándo va a estar listo ni a qué atenerte.

2. Muestra trabajos reales, no mockups

El portfolio tiene que tener links a sitios publicados con clientes reales. No capturas de Figma, no demos locales, no “este cliente prefirió no publicarlo”.

Antes de contratar, entrá a los sitios del portfolio. Verificá que estén online, que carguen rápido, que se vean bien en el celular. Eso te dice mucho más que cualquier conversación de venta.

Si el portfolio es inexistente o todos los “clientes” son inexplicablemente anónimos, es una señal de alerta.

3. Es transparente con los precios

No tiene que darte un número exacto en el primer mensaje, pero tiene que poder darte un rango claro y explicarte de qué depende. Algo como “una landing está entre X y Y, y depende de esto y aquello” es razonable.

Lo que no es razonable: “te paso el precio cuando vea el proyecto” como respuesta permanente a todas tus preguntas, o precios que aparecen solo al final de una presentación larga diseñada para que ya estés convencido antes de saber cuánto sale.

La transparencia de precios es una señal de respeto por tu tiempo.

4. Te explica qué incluye y qué no

Esto es tan importante como el precio en sí. “Landing page completa” puede significar cosas muy distintas dependiendo de quién lo dice.

Un buen proveedor te detalla: cuántas páginas, cuántas rondas de revisión, si incluye dominio y hosting, si incluye textos o los ponés vos, si incluye soporte después de publicar y por cuánto tiempo.

Lo que no está detallado en el acuerdo no existe. Si no está por escrito, no podés reclamarlo después.

5. Acepta firmar un presupuesto antes de cobrar

Esto es básico en cualquier relación comercial, pero en el mercado informal del desarrollo web muchos saltan directo al pago sin nada firmado.

El presupuesto es tu protección. Define el alcance, los tiempos, el precio y las condiciones de pago. Si el proveedor se niega a firmar o “no trabaja así”, hay dos opciones: cambió de opinión a tu favor o tiene razones para preferir que no haya registro escrito de lo acordado.

No es burocracia. Es seriedad.

6. Tiene un canal de comunicación directo

Cuando surge una duda durante el proyecto o un problema después de publicar, ¿con quién hablás? ¿Llegás al desarrollador directo o pasás por una cadena de contactos?

No hay nada más frustrante que tener un bug en el sitio y no saber a quién llamar, o que tu mensaje entre a una bandeja compartida y nadie te responda.

Antes de contratar, verificá que el número de WhatsApp o el mail que te dieron responde en tiempo razonable. El test más simple: mandale un mensaje y medí cuánto tarda.

7. Habla de tu negocio, no solo de tecnología

Un buen desarrollador web te pregunta sobre tu negocio antes de hablar de qué herramientas va a usar. Quiere saber: ¿quién es tu cliente? ¿Cómo te contactan hoy? ¿Qué resultado querés lograr con el sitio?

Si la conversación empieza y termina en “te hacemos un sitio en React con animaciones y SEO”, sin preguntas sobre el negocio real, el desarrollador está vendiendo tecnología, no soluciones.

El sitio web es una herramienta para lograr un resultado. Si no hay conversación sobre el resultado, el sitio puede quedar muy lindo y no servir para nada.

8. Ofrece soporte post-lanzamiento

El día que se publica el sitio no es el día que terminan los problemas — es el día que empiezan las dudas reales. ¿Cómo cambio un texto? ¿Por qué no carga en este celular? ¿Cómo agrego una foto nueva?

Un proveedor serio incluye un período de soporte después de publicar. Mínimo 30 días. Y te explica exactamente qué cubre ese soporte y qué pasa si necesitás algo fuera de ese período.

Si la respuesta a “¿qué pasa si aparece algo después de publicar?” es un silencio o un “bueno, ahí vemos”, el proyecto termina cuando se publica y lo que venga después lo resolvés solo.


Las red flags que no podés ignorar

Precio sospechosamente bajo con promesas amplias. “Landing completa con SEO avanzado y diseño premium por $50.000” no existe en el mercado real. O el SEO no existe, o el diseño no es lo que imaginás, o el soporte tampoco.

Sin contacto verificable. Si el único contacto es un perfil de Instagram creado hace 3 meses sin posts, o un WhatsApp que no tiene foto de perfil y el nombre es “Dev Web”, no tenés forma de verificar quién está del otro lado.

Presión por decidir rápido. “Esta oferta es solo por hoy” o “tengo varios proyectos esperando, si no confirmás esta semana no puedo tomarlo” son técnicas de presión. Un proveedor con trabajo real no necesita apurarte.

Sin portfolio verificable. Ya lo dijimos, pero vale repetirlo: si no hay sitios reales publicados, no hay evidencia de que puedan entregar lo que prometen.

Pago 100% adelantado. El esquema normal es 50% al arrancar, 50% al publicar. Pagar todo antes te deja sin opción si el resultado no es el acordado.


La pregunta final

Antes de contratar, hacete esta pregunta: ¿si algo sale mal, tengo con quién hablar y algo firmado que me respalde?

Si la respuesta a las dos cosas es sí, podés avanzar con tranquilidad. Si no, seguí buscando.

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